La biodiversidad está amenazada por muchas otras cuestiones más allá de los cultivos transgénicos. Una de estas amenazas es la invasión de especies exóticas que resulten muy agresivas para las autóctonas. Tanto que puedan llegar a desplazarlas y, rompen en muchos casos las cadenas de dependencias que afectan a centenares de otras especies. ¿Pero que es lo que provoca que una especie cambie de hábitat?. Las respuestas son diversas.
El Mediterráneo, por ejemplo, está siendo colonizado por especies exóticas. Según los últimos estudios, el Mediterráneo ha “recibido” 105 especies exóticas de peces, 137 especies de moluscos y 63 de crustáceos. En este caso las principales causas de ingreso en el Mediterráneo son: las aguas de lastre y el canal de Suez. En menor medida (no por importancia sino por cantidad) son: la presa de Asuán en el Nilo, acuicultura y aumento de la temperatura debido al calentamiento global.
Desde que en 1869 se construyera el Canal de Suez, más de 300 especies procedentes del Mar Rojo se han adentrado en el Mediterráneo a través de este atajo creado por el hombre. Un caso de migración es el de la medusa Rhopilema nomadica, oriunda del Mar Rojo, que en la actualidad cuenta con amplias colonias en el sudeste del Mediterráneo, son tóxicas y afectan de forma grave a la pesca y al turismo.
El masivo tráfico marítimo en un mar semi-cerrado hace que las aguas de lastre (aguas usadas para mantener el equilibrio de la flotabilidad de las navieras mercantes) supongan un riesgo. Un ejemplo de desplazamiento de especies por aguas de lastre lo encontramos con los arrecifes de madrépora mediterránea (Cladocora caespitosa) de gran valor ecológico dado que de ella dependen más de 200 especies, desplazada por el coral invasor Oculina patagonica. Por tanto, el desplazamiento del coral Cladocora caespitosa va a inducir de manera inexorable a la pérdida de la comunidad dependiente.
Especial mención merece la invasión de Caulerpa racemosa, alga (Cloroficeae) de origen tropical que durante la última década se ha expandido a lo largo de las costas del todo el Mediterráneo, colonizando los hábitats bentónicos autóctonos desde la zona de rompientes hasta más de 50 m de profundidad. Su carácter invasor es más marcado que la conocida Caulerpa taxifolia, y sus posibles efectos sobre los hábitats bentónicos y la biodiversidad marina pueden ser muy negativos, afectando incluso a los recursos pesqueros.
Las propuestas que se plantean para luchar contra estos fenómenos son las siguientes: un mayor control del tráfico marítimo en lo que respecta a las aguas de lastre, un control exhaustivo en el cultivo de especies exóticas para evitar la introducción de nuevas especies, un aumento los recursos económicos para desarrollar planes de vigilancia para detectar las especies invasoras en su primera etapa de colonización y educar y divulgar esta problemática a los colectivos que pueden estar facilitando su dispersión como son los pescadores profesionales o barcos deportivos, y en su caso desarrollar planes de erradicación con un suficiente criterio científico. En todo caso debe aplicarse los principios ambientales de “prevención” y de “precaución medioambiental o de cautela”, tal y como establece el artículo 174.2 de Tratado de la Unión Europea.
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