Los huertos urbanos, un fenómeno de moda

Los huertos urbanos es un fenómeno de moda. La decisión de la primera dama de los Estados Unidos, Michelle Obama, de dedicar una parte de los jardines de la Casa Blanca a cultivar toda clase de verduras, no hará más que dar más caché y prestigio a un fenómeno en alza en los ambientes más “in” de nuestras ciudades. Los huertos urbanos, ya que no todo el mundo tiene un jardín de varias hectáreas, empiezan a hacerse un hueco en balcones y terrazas. Es una actividad “in”, porque está revestida de un cierto halo ecologista. Pero, es eso realmente cierto. ¿Tener un huerto urbano contribuye a la mejora del medio ambiente?

La respuesta a esta pregunta es que depende. Para empezar la primera dama, Michelle Obama, ha decidido reservar el equivalente a cien metros cuadrados de la histórica explanada presidencial más preocupado por la grave epidemia de obesidad que sufren los Estados Unidos que por una cuestión ambiental. Como su función será básicamente pedagógica, el cultivo se hará con ayuda de los alumnos de un colegio de Washington. La cuestión ambiental, pero, también está contemplada ya que según ha trascendido el espacio estará dedicado para el cultivo orgánico de vegetales,.

Y esta es la cuestión más importante a la hora de plantearnos el impacto ambiental de un huerto urbano. Como en cualquier otro tipo de explotación agrícola –la diferencia está en que se planten 2 o 20.000 tomateras- la cuestión está en saber si los vegetales se obtienen con métodos respetuosos con el medio o bien se utilizan los sistemas propios de la agricultura industrializada. Fundamentalmente, sólo puede considerarse como un acción positiva para el medio si se utilizan abonos naturales, si se descarta el utilizar plaguicidas y si se es cauto en el consumo del agua.

Y la mini-agricultura de terraza bajo estos principios  sí tiene un impacto positivo sobre el entorno. Es sostenible porque no provoca ningún daño, beneficia a la salud, pero además evita el consumo de otros productos cultivados con otros sistemas. Si los huertos urbanos se extendieran, pero los huertos de producción orgánica y no los que son una simple ramificación de la jardinería, el mercado agrofruticola se resentiría y acabaría por asumir la necesidad de mejorar en precio – el gran escollo para su mayor consumo- su oferta de verdura orgánica. Y además, como persigue Michelle Obama, también se consigue hacer una importante labor pedagógica sobre la importancia de consumir más verduras que carne.

Un huerto urbano en que estas mismas verduras son tratadas como cualquier otra planta de jardín y alimentadas y protegidas contra los insectos con productos creados por la industria para tal fin, se puede afirmar que constituye un autentica aberración y un despilfarro de medios. Los mismos vegetales – de igual mala calidad me refiero- se pueden obtener en cualquier supermercado. Y mucho más baratos.

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